POESÍA Y CRIMEN

Parece que la fuerza poética es directamente proporcional a su ilegalidad.

La poesía es reprimida donde quiera que represente una amenaza al racional del orden social.

Por consiguiente, donde no es reprimida, no es percibida como tal amenaza.

Aún así, tales percepciones nunca son dejadas al azar, y están siempre acompañadas por un sistema de denigración.

Menosprecio y burla son los compañeros de la criminalidad.

La amenaza de la poesía no parte de una adjudicación de poder, sino de una fuerza paródica, contra la cual no es inmune ningún régimen de lenguaje coercido.

La poesía amenaza el discurso de poder con subversión abierta, cada vez que se rehúsa a estar conforme.

Poesía de inconformidad es criminalizada o institucionalizada.

Todas las instituciones de la poesía equivalen a gulags psiquiátricos en los cuales los internos son halagados hasta creer que son los guardias.

Poesía criminal existe sólo en las bordes de la representación, negada contundentemente donde quiera que aparece abiertamente.

Poesía criminal es el lenguaje secreto en voz alta de la paranoia Corporación-Estado.

Donde quiera que la represión de la poesía es el objetivo de la Corporación-Estado, la subversión de la Corporación-Estado es la razón de ser de la poesía.

Poesía que rechaza su propia violencia es poesía agotada.

Poesía que renega equivale a insurrección, sedición, blasfemia: en todas excepto en las democracias más liberales, estos son crímenes “capitales”.

MINISTERIO DEL INTERIOR

prison graffiti

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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